Sin duda alguna, cuando emprendemos un negocio estamos emocionados y felices, pero a la vez preocupados porque tenga éxito dado que de ello depende nuestra economía personal y familiar ya que muchas veces estamos invirtiendo todo lo que tenemos, no hay margen para el error.
Y no es para menos, si además consideramos que de acuerdo a algunas estimaciones el 70% de los nuevos negocios en México no llegan al tercer año de vida.
Gran parte de estos fracasos no es por falta de mercado para nuestros productos o servicios, sino por una mala administración. Desde luego hay otros factores como el no saber vender y la falta de capital; pero en esta ocasión nos centraremos en el primero.
Con frecuencia cuando iniciamos un negocio es porque dominamos la elaboración de algún producto o prestación de un servicio, nos lanzamos a la aventura persiguiendo nuestros primeros clientes y rogamos por que podamos cobrar. En pocas palabras, nos centramos en lo técnico y lo administrativo lo dejamos para después.
La situación poco a poco se vuelve sofocante y por ende desilusionante al no llegar los resultados esperados.
